Hemos hablado en muchas ocasiones de la importancia de los programas tipo Messenger o las páginas tipo Facebook. Hemos analizado los aspectos técnicos y la importancia social que presentan, así de algunos de los riesgos que pueden derivarse de su uso excesivo.
Hoy, precisamente, es conveniente recordar una cuestión relacionada con este uso. Estamos en un momento en el que por suerte o por desgracia, gran parte de nuestra vida transcurre en la red. Nos encontramos rodeados por la tecnología y por la necesidad y el uso que de ella debemos hacer, en ocasiones por auténtica necesidad y en otras merced a las olas sociales que nos mecen hacia ella. Podría decirse que hoy, nadie es “alguien” sino cuenta con Facebook, o con página propia en la red.
Ahora bien, esto, también provoca que determinadas personas utilicen la red para contruirse una vida. Basta con escribir una línea que ponga ” de Vacaciones en la Playa” para que todos los que entramos en ese perfil creamos que dicha persona está, en efecto, de vacaciones en la playa. ¿Qué quiero decir con esto? Que la frontera entre la vida real y la vida inventada es muy ligera en internet y mucho más ligera aún en estas páginas y portales, y que el uso y abuso de las exageraciones o la deformación de la realidad, puede provocar que muchos usuarios encuentren que su única vida interesante es la que narran e inventan en Facebook (por citar un ejemplo claro).
Esto, que no es ni mucho menos lo habitual pero que sí considero que lo sufren una gran cantidad de usarios en mayor o menor medida, es algo que sobre todo en lo referente a los más jovenes, debe ser anunciado y cuidado, pues las consecuencias de descubrir un día que la única vida real que tiene se viene abajo en cuanto se cae una página en concreto…son fatales.